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Texturas rojizas, azuladas, un arcoiris teñido de polvo, tierra y corazón. Los Andes escoden una historia desconocida para toda una sociedad, una problemática bestial sobre los derechos humanos, las necesidades y la vida.  Un relato de violencia política donde los actores principales fueron bestias sin corazón que se respaldaban en ideales imperantes. Los actores omniscientes y omnipresentes fueron gente con valor e ilusión. Gente que se respaldaba en el trabajo por la vida, por sus campos, y sus tierras.  Sus hijos siempre mamaron la tragedia y la lucha por lo que es de uno mismo. Ahora, aquellos pequeños crecen en una atmósfera de cambio e ilusión. Siguen las ganas, la fuerza en los dientes, el aprieto, la lucha y el respeto. Sigue la naturaleza, prostituida por el norte en zonas olvidadas, sigue la creencia, el agua y la vida. Sigue una población  cargada de fuerza por querer empezar de nuevo.